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Bibliotecas, tesoros del alma

Diodoro Sículo, también conocido como Diodoro de Sicilia, fue un historiador de la antiguedad. Nació en el siglo I a. C. en Agirio, en la provincia romana de Sicilia.

diodoroSu obra se reúne en un título llamado ‘Biblioteca Histórica’, compuesta de 40 volúmenes.

En esta obra habla de Ozymandias, un faraón del que cuenta que tenía una biblioteca adornada con estatuas de todos los dioses y con una inscripción a su entrada que decía:

Tesoro de los remedios del alma.

Nos parece que es una de las definiciones más hermosas que se hayan oído jamás sobre las bibliotecas.

Pero, ¿quién era este Ozymandias? Pues fue un faraón muy conocido, posiblemente uno de los más conocidos de la historia de Egipto y de Charlton Heston. Sí, era Ramsés II. Diodoro Sículo le llamó así, Ozymandias, al adaptar al griego el nombre del faraón: User-maat-re Setep-en-re.

british-museum1981Esta nominación de Ramsés dio título a un soneto escrito por el poeta británico Percy Bysshe Shelley en 1817, con motivo de la llegada a Inglaterra de una imponente estatua de este faraón, adquirida por Giovanni Belzoni para el Museo Británico (lo de “adquirida” entiéndase con todas las precauciones).

Shelley se basaba en una inscripción que, según el mismo Diodoro, había en la base de una estatua de Ramsés:

“Rey de reyes soy yo, Ozymandias. Si alguien quiere saber cuán grande soy y donde yazco, que supere alguna de mis obras”.

Éste es el soneto:

OZYMANDIAS

I met a traveller from an antique land
Who said:—Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert. Near them on the sand,
Half sunk, a shatter’d visage lies, whose frown

And wrinkled lip and sneer of cold command
Tell that its sculptor well those passions read
Which yet survive, stamp’d on these lifeless things,
The hand that mock’d them and the heart that fed.

And on the pedestal these words appear:
“My name is Ozymandias, king of kings:
Look on my works, ye mighty, and despair!”

Nothing beside remains: round the decay
Of that colossal wreck, boundless and bare,
The lone and level sands stretch far away.

Y la traducción, un poco a lo loco, sería:

Hallé un viajero de una tierra antigua
que me dijo: Dos bastas piernas de piedra sin tronco
hay en el desierto. Cerca de ellas en la arena,
medio rostro hundido y roto, que la frente

y sus rugosos labios y el ceño de fría autoridad
cuentan que el escultor leyó bien aquellas pasiones
que todavía sobreviven, grabadas sobre estas cosas sin vida,
la mano que se burlaba de ellas y el corazón que alimentaba.

Y sobre el pedestal aparecen estas palabras:
“Mi nombre es Ozymandias, Rey de Reyes:
Mira mis obras, soy poderoso, y no tengas esperanza”.

Nada permanece a su lado: alrededor de las ruinas
del colosal naufragio, infinitas y desnudas,
las planas y solitarias arenas se extienden a lo lejos.

Podemos dar otro salto en esto de las conexiones literarias, porque el apellido de Shelley os resultará muy familiar… sí, es el marido de Mary Shelley (de soltera Godwin), autora de ‘Frankenstein, o el moderno Prometeo‘.

Para acabar, pase lo que pase y aunque la tentación sea grande, no robéis libros de las bibliotecas (Cédula de Excomunión, Biblioteca Antigua de la Universidad de Salamanca).

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