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Kafka y una muñeca

Cuentan una historia protagonizada por Franz Kafka en los últimos meses de su vida que, si bien genera ciertas dudas sobre su veracidad, es de esas historias que merecen ser ciertas.
El relato nos llega a través de Dora Diamant (imagen superior), compañera del escritor en aquella época. Pues bien, Diamant contaba que viviendo ambos en Berlín tenían por costumbre ir a pasear a un parque de esta ciudad. Era el parque de Steglitz y todo esto ocurrió (o pudo ocurrir) hacia 1923.
Al parecer, se encontraron con una niña en este parque llorando desconsolada. Se acercaron para interesarse por el motivo de su llanto y ella les explicó que había perdido su muñeca. Kafka le dice que no debe apenarse, que la muñeca está viajando y que lo sabe porque le ha enviado una carta a él. Ante la pregunta de la niña por la carta, él le dice que no la lleva encima, pero que al día siguiente se la traerá.
A partir de entonces, Kafka va escribiendo todos los días una carta en la que la muñeca cuenta a su antigua dueña sus viajes. Eso durante tres semanas, en las que el escritor va preparando a la niña para la despedida de su muñeca…
El caso es que los únicos datos de todo esto son conocidos a través de Diamant, ya que nunca se ha sabido nada de la niña, de la muñeca, ni de las cartas.
Pero la historia es tan bella que ha inspirado a muchos otros autores. Por ejemplo, Paul Auster la cita en Brooklyn Follies.

Más información:
https://www.clarin.com/literatura/franz-kafka-muneca-viajera_0_ry1_qAO2PQl.html http://www.elcomercio.com/opinion/anecdota-kafka.html

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Las monjas y el ‘Cántico Espiritual’

Nuestro místico San Juan de la Cruz fue creando su Cántico espiritual en cautivero. Estuvo recluido en un calabozo dentro de un convento de los Carmelitas calzados en Toledo durante ocho meses, en unas condiciones pésimas y, por supuesto, sin material para escribir.
Cuentan que creó y memorizó las treinta primeras estrofas allí dentro y que no pudieron ser pasadas a papel hasta que salió. Fueron finalmente transcritas con ayuda de otras personas (una monja llamada Magdalena del Espíritu Santo o el cronista Jerónimo de San José, por ejemplo). Acabó el poema en Baeza y en Granada, escribiendo las últimas cinco estrofas tras una conversación con otra monja, la hermana Francisca de la Madre de Dios.


Manuscrito del propio autor

San Juan de la Cruz recibió años después, en 1584, una petición de otra monja más, la madre Ana de Jesús, para que el poeta hiciera un comentario en prosa explicando sus versos. Dicen que fue esta misma religiosa la que, al tener que exiliarse a Francia, se llevó el poema, que fue publicado en París en 1622, en francés. En español se publicaría en 1627 en Bruselas. En España, por la censura de la Inquisición, no se publicaría hasta 1630.

Gocémonos, amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte o al collado
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

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316 Pessoas

Tenía Antonio Machado unos versos que decían:

«Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo
y suele ser tu contrario.»

Antonio Machado, en cierto modo, tuvo varios complementarios en sus heterónimos cuando publicaba su obra con otro nombre. El más conocido de todos esos heterónimos fue Juan de Mairena, sin olvidar a Abel Martín. (más…)

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