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Drácula, actor antes que personaje

Bram Stoker se pegó un día una jamada generosa de langosta (los hay que dicen que fue más bien de cangrejo), a la que siguió una indigestión que le produjo alucinaciones. En concreto, vio a una especie de señor de los vampiros que abandonaba su tumba sediento de sangre humana.

Supongo que impresionado por su propia visión, se dedicó a escribir la historia del hoy famoso conde. Metidos en harina, el bueno de Bram se sirvió de los rasgos físicos de un actor para definir al personaje de su novela.

Sí, para describir a ese sanguinario noble de Transilvania aficionado al empalamiento de sus enemigos y que acabaría siendo el gran señor de los vampiros, Stoker tomó prestada la imagen de Henry Irving.

Henry IrvingEste Irving era un actor para el que Stoker trabajó como representante y secretario. Cuentan que debió de ser un tipo de cuidado, insufrible y déspota, por lo que su muerte tuvo que ser una liberación para el escritor. Tanto mal cariño le guardaba a su antiguo jefe que usó sus rasgos para caracterizar al conde Drácula. O sea, que Bela Lugosi fue un actor interpretando a un personaje inspirado en otro actor.

Lo que eriza un tanto el vello de la corcusilla es pensar en otro momento en el que Stoker tuvo la misma visión y vio a su conde. Esa vez no había comido cangrejo. Fue cuando estaba muriéndose y, desencajado, señalaba constantemente a una esquina de la habitación mientras murmuraba ‘Strigoi’, que en rumano quiere decir vampiro. Qué muerte más cabrona.