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El poeta que casi ganó el Adonais

La editorial Rialp concede todos los años el Premio Adonais de poesía, uno de los más prestigiosos de nuestro país. Fue creado en 1943, según cuentan, tomando su nombre de la colección del mismo nombre que, en la editorial Biblioteca Hispánica, dirigía Juan Guerrero Ruiz (Lorca le había rebautizado como “Cónsul general de la poesía española”). Desde 1946 esta colección pasó a manos de la citada editorial Rialp.

Con este premio ocurrió un hecho muy curioso en 1949. El poeta bilbaíno Blas de Otero presentó a concurso su obra Ángel fieramente humano, una de las obras básicas de la poesía española del siglo XX. Su calidad literaria estaba fuera de toda duda, pero no ganó el premio. Lo ganó Ricardo Molina con su poemario Corimbo. Ni siquiera fue merecedor de los áccesit (Juan Ruiz Peña Vida del poeta y  Ramón de Garciasol Defensa del hombre).

¿Qué pasó? Pues que en el jurado estaba un tal Florentino Pérez Embid, convencido ultracatólico que consideró que los versos de Blas de Otero eran poco menos que blasfemos.

Menos mal que en ese jurado estaba también José Luis Cano, secretario de la revista Ínsula, con editorial y librería en Madrid. Él se encargó de gestionar la publicación del libro en Ínsula (colección dirigida por Enrique Canito que se acababa de inaugurar con Ocnos, de Luis Cernuda) para beneficio de nuestra poesía.
Esta censura fue la primera de muchas que sufrió el bilbaíno durante los larguísimos años de dictadura franquista.