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Enterrando a «Molière»

El dramaturgo francés más grande de todos los tiempos fue Jean-Baptiste Poquelin, más conocido en la historia de la literatura como «Molière». Fue el gran protagonista del teatro francés del siglo XVII, puesto que, además de un inconmensurable escritor de obras que son clásicos, fue actor.
Cuenta precisamente que murió el 17 de febrero de 1673 tras un demoledor ataque de tos con sangre en la cuarta representación de la que fue su última obra de teatro, paradójicamente llamada El enfermo imaginario.
La Iglesia católica tenía entonces un inmenso poder y esta institución estimaba que un actor no era digno de ser enterrado en el cementerio como cualquier otra persona, ya que se trataba de gente inmoral. Pero «Molière», que había gozado de gran fama y favor del Rey, fue finalmente inhumado —gracias a los esfuerzos de su viuda— en la zona destinada a los niños que fallecían sin haber sido aún bautizados.

Luis XIV invita a Molière a compartir su cena, 1863 por Gérôme.

De este modo, «Molière», que pretendía la noble tarea de hacer reír a la gente honrada, se convirtió en la quintaesencia del hombre de teatro que llega a morir sobre las tablas.