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Leer bien a Kavafis

Hay un momento en la película ‘Amanece que no es poco’ en la que un escritor llamado Bruno, ante la petición de otro personaje para que le deje leer su novela, le contesta: «¿Para qué te la voy a dejar, para que me la leas mal y me la jodas». Un poco después, añade: «No será la primera novela que se estropea por leerla mal…».
Este diálogo surrealista de la maravillosa película de José Luis Cuerda puede servir como ejemplo del planteamiento artístico que tenía el poeta griego Constantino Kavafis.
Kavafis es figura de primer orden en la literatura universal en el siglo XX. Sin embargo, se ganó la vida como periodista y funcionario, puesto que preservó sus poemas como si fueran un tesoro y únicamente los daba a leer a quienes él consideraba dignos.
Por ejemplo, en lugar de publicar un libro, mandó imprimir dos libretos (en 1904 y 1910) con unos pocos poemas.

Tumba de Kavafis.

Tumba de Kavafis.

Estos libretos fueron entregados por él mismo a quienes juzgaba aptos para entender su obra. Y poco más hizo por su difusión, salvo algunas hojas sueltas que también imprimía con sus poemas y que distribuía de igual forma.
Pese a todo, su obra acabó siendo conocida, aunque la gran fama de sus poemas llegaría tras su muerte, en abril de 1933. Kavafis triunfó a pesar de su empeño en no hacerlo. Es un poeta mayoritario entre la minoría de quienes leemos versos. Paradojas del destino.
No nos resistimos a recordar aquí los primeros versos de, quizá, su poema más conocido: ‘Ítaca’.

Al emprender el viaje a Ítaca
desea que el camino sea largo,
lleno de peripecias, lleno de saberes.

Ulises y las sirenas.

Ulises y las sirenas.