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Poemas “espeluznantes” de Salinas

El poeta Pedro Salinas iba para abogado. Este escritor, uno de los grandes de la Generación del 27 y uno de los mayores expertos en literatura española del siglo XX, comenzó la carrera de Derecho en 1908 para dar gusto a su madre. Sin embargo, pronto se dio cuenta de lo que él mismo reconoció como “falta de vocación para ser abogado” y se pasó a Filosofía y Letras.

Esa decisión quizá fue fundamental para que no se perdiera la personalidad poética que daría forma a La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento (libros que, según dicen, no iban dirigidos a su mujer, sino a una norteamericana de la que se enamoró…).

Al iniciar sus estudios de Filosofía y Letras, Salinas frecuenta el Ateneo, donde hace amistades con sus compañeros de estudios. Frecuenta también la tertulia de Ricardo Baeza y allí conoce al que sería su amigo y compañero de poesía Enrique Díez-Canedo, que le presenta a José Moreno Villa. Moreno Villa le recordará después en aquel momento como “un muchacho tímido y flaco” que “ni siquiera exteriorizaba que escribía versos”.

Todo esto se puede leer en el libro Pedro Salinas en su centenario (1891-1991), edición de la Univesidad de Sevilla y del Ayuntamiento de esta misma ciudad a cargo de Miguel Nieto Nuño y José Mª Barrera López.

En esta obra se cuenta que hacia 1911 Salinas se da a conocer como poeta, publicando cuatro poemas en la revista de Ramón Gómez de la Serna, Prometeo. Son estos poemas de corte rubeniano, como los de tantos jóvenes poetas del momento. Años más tarde, Salinas los califica de “espeluznantes”.

Tan espeluznantes que le quitan las ganas de publicar más. Entre la publicación de estos poemas y los de su primer libro, Presagios (1924), hay un silencio poético de 13 años. Fue solo un silencio público ya que, por las cartas que escribía a su novia, Margarita Bonmatí (que sería su mujer pero no la destinataria de los tres libros arriba citados), sabemos que escribió en esos años muchos versos que no publicaba.