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Quemad mis escritos

La poetisa Rosalía de Castro falleció un 15 de julio de 1885 a consecuencia de un cáncer de útero. El que fuera ministro de Hacienda, ministro de Gobernación y ministro de Fomento en la época de Alfonso XIII, Augusto González Besada y Mein, cuenta esto del final de la escritora:
«…recibió con fervor los Santos Sacramentos, recitando en voz baja sus predilectas oraciones. Encargó a sus hijos quemasen los trabajos literarios que, ordenados y reunidos por ella misma, dejaba sin publicar. Dispuso se la enterrara en el cementerio de Adina, y pidiendo un ramo de pensamientos, la flor de su predilección, no bien se lo acercó a los labios sufrió un ahogo que fue comienzo de su agonía. Delirante, y nublada la vista, dijo a su hija Alejandra: “Abre esa ventana que quiero ver el mar”, y cerrando sus ojos para siempre, expiró…».
Cuentan que esta frase del mar es un poco rara, porque desde el lugar en el que se encontraba no se podía ver por ventana alguna… al parecer, para Rosalía de Castro el mar siempre había tenido connotaciones de muerte/suicidio.
Es también curiosa esa orden de que se quemaran sus trabajos sin publicar. Recuerda a órdenes similares referidas a escritos con otra autoría.
Sin ir más lejos Emily Dickinson, que en 1890 viendo llegar su final le pidió a su hermana Lavinia que quemara todos sus papeles. Tras su muerte, Lavinia se encargó de quemar las cartas, pero no una cuarentena de cuadernos y hojas, que contenían unos 2.000 poemas que fueron publicados.

Tumba de Rosalía de Castro.