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Sherlock Holmes y el Dr. House

Joseph Bell.

Joseph Bell.

Es difícil que una persona real inspire a un personaje de ficción. Pero todavía lo es más que inspire a dos.
Joseph Bell era profesor en la Facultad de Medicina en la Universidad de Edimburgo. Se trataba de un hombre con una inteligencia portentosa y una capacidad deductiva sin comparación. Observando a quien tuviera ante sí, era capaz de concluir qué males le afectaban, qué oficio tenía o su lugar de procedencia. Se fijaba en detalles como la forma de hablar o caminar, la vestimenta o el aspecto físico. Y no solía fallar.
Ante un profesor de estas características, el estudiante de Medicina Arthur Conan Doyle quedó fascinado. Fascinación que creció cuando le tomó como su ayudante.
Tiempo después, el propio escritor admitió que su personaje Sherlock Holmes era «la encarnación literaria, si se me permite expresarlo así, del recuerdo de un profesor de medicina de la Universidad de Edimburgo».
Parece que no hay duda, porque Bell, al igual que Holmes, era alto, delgado, con una generosa nariz y el pelo moreno.
El caso es que este Bell, hombre de gran energía que además era poeta y deportista, no sólo influyó para crear al famoso detective, sino también a otro personaje de ficción mucho más moderno: el doctor House.
Joseph Bell tenía House como segundo apellido y sus habilidades deductivas cuadran perfectamente con el protagonista de la serie de televisión.
Lo que ya no sabemos es si ha sido casualidad o no que ambos personajes, Sherlock Holmes y el Dr. House, fueran declarados drogadictos en sus respectivas ficciones (cocaína y vicodin). Hasta donde nosotros conocemos, Bell no era adicto a sustancia alguna.
Hadas.Otra curiosidad para terminar. A pesar de que Conan Doyle aprendió de Bell la importancia de la lógica y el razonamiento para aclarar cuestiones aparentemente misteriosas, tenía una tendencia muy notable hacia el mundo del espiritismo. De hecho, defendió la veracidad del caso de las ‘Hadas de Cottingley’, y tanto él como la casa Kodak, se tragaron que unas niñas habían sido capaces de tomar unas instantáneas de hadas auténticas. Las propias niñas, con los años, reconocieron que había sido un montaje con recortes de imágenes de hadas obtenidas de libros.