SERVICIOS EDITORIALES. Digital y papel

‘Antología de un desliz’

Publicamos nuevo libro, es el poemario de Txabi Anuzita ‘Antología de un desliz’.

Este es el prólogo que hemos escrito desde la editorial:

¿Qué queda después de cerrar la última página, tras leer el último verso del último poema? ¿Adónde viaja entonces la poesía, la emoción? Cerrar un libro de poesía es caer en el desamparo de la realidad, ante el que no queda más remedio que recurrir a la memoria.

Cuando leí por primera vez a Txabi Anuzita no quería que llegara ese último verso de ese último poema, aun sabiendo que era absurdo pretender que los deslices tuvieran antologías interminables. Nada es interminable, los versos se acabaron y llegó, fiel a su cruda cita, el desamparo. (más…)

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Poeta en la cola de un avión

Cuando pensamos en Gloria Fuertes, casi de forma automática, nos viene a la cabeza poesía infantil de rimas fáciles y personajes de animales humanizados. Y los recuerdos de la televisión de hace décadas, en los que aquella mujer ya algo mayor aparecía vestida con corbata mientras recitaba con su voz de trueno.

Gloria_FuertesPero Gloria Fuertes fue mucho más que eso. Fumadora empedernida, fue figura importante de la poesía española del siglo XX y varios hispanistas, fundamentalmente de Estados Unidos, se han dedicado a estudiar su obra. (más…)

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π de poesía

Hay un chiste malo y políticamente incorrecto que viene a ser, más o menos, así:

Acude una patrulla de la policía a una céntrica calle de una ciudad porque han recibido aviso de una agresión. Al llegar, comprueban que, efectivamente, un hombre golpea con furia a otro sin que los transeúntes que se agolpan alrededor se atrevan a detenerle. Los agentes intervienen y reducen al agresor.
—¿Qué ha pasado? —le pregunta uno de los policías.
—Le estaba pegando, se lo merece.
—¿Por qué?
—Es judío —contesta el atacante cargado de razón.
—¿…y?
—Los judíos mataron a nuestro señor Jesucristo.
—Pero eso fue hace dos mil años —dice el agente alarmado.
—Sí, pero yo me he enterado esta mañana. (más…)

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Muerte de un poeta soldado

Hay tiempos convulsos en los que las vidas de artistas, emperadores y religiosos pueden cruzarse.
Fue el caso de uno de los grandes poetas de nuestra literatura, Garcilaso de la Vega. No contamos nada nuevo de Garcilaso si decimos que fue soldado y hombre de relevancia política en la corte de Carlos I, que le tuvo en mucha estima (casi siempre).
El caso es que el autor de versos como ése que dice “Escrito está en mi alma vuestro gesto” o ese otro de “Oh dulces prendas por mi mal halladas”… tuvo una vida llena de batallas (de las de aceros y de las de besos).
Cuentan que murió Garcilaso en medio de la guerra que enfrentaba al emperador Carlos y al rey francés Francisco I. El poeta era ya por entonces maestre de campo de un tercio de infantería, con unos 3.000 hombres a su mando. Sin embargo, pese a su alto rango militar, fue el primero en intentar tomar al asalto una fortaleza con la única ayuda de un pequeño escudo (rodela). Pasó lo que tenía que pasar y una de las piedras que lanzaron desde lo alto los defensores le hizo caer al foso, herido de gravedad.
El poeta no murió inmediatamente, sino que fue trasladado a Niza, donde le cuidó su amigo Francisco de Borja, que llegaría a ser máximo responsable de la orden religiosa de los Jesuitas y santo.
Dicen también que el Emperador, enrabietado por su muerte, mandó ahorcar a todos los defensores de la fortaleza francesa una vez que fue conquistada.
Sí, tiempos convulsos, en los que las letras, la política, la guerra y la religión iban de la mano. En realidad, casi como ahora.

Por cierto, hasta Alberti reconoció su fascinación por Garcilaso y le escribió este poema:

Si Garcilaso volviera,
yo sería su escudero;
qué buen caballero era.

Mi traje de marinero
se trocaría en guerrera
ante el brillar de su acero;
qué buen caballero era.

¡Qué dulce oírle, guerrero,
al borde de su estribera!
En la mano, mi sombrero;
qué buen caballero era.

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