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Trump, ‘1984’ y la censura franquista

Tras la investidura de Donald Trump como presidente de Estados Unidos un libro ascendió hasta los primeros lugares en las listas de ventas. Fue el ‘1984’, novela que construye un futuro (para nosotros ya pasado) en manos de gobiernos dictatoriales que controlan hasta lo increíble la vida de las personas.
Alejandro Gamero lo explicaba en la revista Culturamas.
Al parecer, en esos días en los que Trump acababa de estrenar mandato, entrevistaron a Kellyanne Conway en el programa ‘Meet the Press’ de la NBC. Esta mujer, asesora del gabinete del presidente, defendía las declaraciones del Secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, quien había asegurado que con la investidura de Trump se llegó a “la mayor cantidad de audiencia que jamás se hubiera presenciado en una toma de posesión presidencial”.

Investidura de Trump (izquierda) y de Obama (derecha).

El periodista de la NBC preguntó a Conway por qué defendían una afirmación tan claramente falsa y ella respondió:

“No seas tan dramático”.

Y, además, añadió que Spicer había ofrecido “hechos alternativos”.
El protagonista de ‘1984’ precisamente trabaja en el Ministerio de la Verdad, para el Gobierno, eliminando o modificando en los libros, periódicos, revistas y archivos aquellos asuntos que chocan con la verdad oficial. También se menciona en la novela una nueva lengua, ‘neolengua’, que ayuda a controlar la percepción de la realidad que tiene la población, siempre temerosa y admiradora de ese Gran Hermano que todo lo ve.
Queremos recordar aquí otra curiosidad literaria relacionada con esta obra, puesto que no fue publicada en su integridad en España… hasta 1984. Según relata Carlos Prieto en El Confidencial, en 1950 la editorial Destino solicitó a la Sección de Censura publicarla con una tirada de 2.500 ejemplares. Los censores no entendieron que fuera una crítica al totalitarismo franquista (sino al comunista), pero la prohibieron igualmente por “una serie de descripciones exactamente gráficas” de contenido sexual.
Dos años después, la editorial pidió revisar el expediente, autorizándose su publicación a cambio de la eliminación de los contenidos sexuales. Hubo que esperar a 1984 para su publicación íntegra.