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Ya lo leerás cuando lo publique

La escritura es un ejercicio fundamentalmente solitario. La inspiración a veces tarde en presentarse, o lo hace de imprevisto, según los momentos y la capacidad de quien escribe. De cualquiera de las formas, cuando se escribe con inspiración surge la magia. Y esa magia es un tesoro.

Por eso las interrupciones exteriores en esos momentos te pueden dejar sin concentración, inspiración, magia y tesoro. Estas situaciones de quienes llegan en el peor de los momentos, que en realidad estaban siendo los mejores creativamente, son bien conocidos de la mayoría de las personas que escriben. Porque las interrupciones rompen la magia pero, además, pueden querer explicaciones sobre lo que se está escribiendo:

—¿En qué andas, de qué va la nueva novela/poesía?
(Cuéntese en esos casos hasta veinte o, en su defecto, mándese directamente a dar un paseo a quien haya formulado ese tipo de pregunta. Con cariño, eso sí).

Cuentan una anécdota muy curiosa de Jane Austen, que en 1809 se había trasladado de Southampton a Chawton, donde su hermano Edward la albergó, junto a su otra hermana (Cassandra), en una pequeña casa dentro de una de sus propiedades.

Jane contaba ya con cierta fama y decían que pidió que no fuera arreglada una puerta de acceso a la casa que chirriaba bastante. ¿Por qué? Pues porque el chirrido avisaba a la escritora de la llegada de visita, lo que le permitía recoger los manuscritos en los que estuviera metida, evitando tener que dar demasiadas explicaciones y evitando también que nadie husmeara en ellos. Antes de que la persona llegara a su habitación, los papeles eran recogidos y guardados. El que quiera saber de qué va la novela, que espere a verla publicada.

Jane Austen, en el único retrato original que se conserva, realizado por su hermana Cassandra.

También es cierto que hay quien disfruta de contar lo que escribe e incluso de hacer lecturas a amigos y expertos… Lorca, sin ir más lejos.