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Dos escritoras y dos seudónimos

Uno de los motivos por los que una autora o autor puede usar un seudónimo es para permitirse un cambio de registro radical en su obra.
Después de escribir varias novelas exitosas y acostumbrar al público a un tipo de relato, puede resultar complicado presentar un nuevo libro que no tenga nada que ver con lo anterior. Ante esta tesitura se encontraron, cada una en su momento, Agatha Christie y J. K. Rowling.
Sí, las creadoras del detective Hercules Poirot y del mago Harry Potter dieron un enorme giro a su carreras como escritoras utilizando sendos seudónimos que les permitieron publicar las nuevas obras sin que nadie las relacionara con su producción literaria previa. Por orden de antigüedad, comenzando por la escritora de novelas de misterio, llegó un momento en que sintió la necesidad de publicar varias obras románticas. Escribió novelas de amor bajo el pseudónimo de Mary Westmacott. Empezó en 1930 y alternó en los años siguientes las publicaciones románticas con los nuevos libros de misterio firmados con su nombre real.

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Agatha Christie no reconoció hasta 1949 quién era la tal Westmacott, cuando ya habían sido cinco las novelas publicadas con este seudónimo. Después llegaría otra más en 1956.
Respecto de Rowling, también conviene recordar que publicó bajo seudónimo sin que se conociera públicamente. Se convirtió en Robert Galbraith para sacar a la luz en 2013 una novela negra, titulada ‘El canto del cuco’ y protogonizada por un detective llamado Cormoran Strike.

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Sin embargo, a la creadora de Harry Potter el anonimato escondido en el seudónimo le duró poco, porque fue destapado por The Sunday Times. Según dicen, uno de los abogados de la escritora contó en una cena quién se escondía tras el nombre de Robert Galbraith, confesión que acabó corriendo por Twitter y puso en pista al citado periódico.